
Dr. José de Jesús Castillo R.*
Lic. Alberto Villarreal H.*
1. INTRODUCCIÓN
Sin duda uno de los grandes golpes a la humanidad que esta década nos ha dejado fue la aparición del Virus de la Inmunodeficiencia Humana. El SIDA.
Desde sus inicios, el impacto emocional de la enfermedad adquirida o del miedo (en ocasiones en grados impensables) a tenerla provocaron en grandes masas de la población diversas reacciones psicológicas.
Una de estas poblaciones, conocida con el nombre de “alto riesgo” la constituyen los homosexuales, bisexuales y heterosexuales promiscuos quienes constantemente ponen en un hilo la seguridad de su vida. Ellos, fronterizos si no todos sí la mayoría, presentan por su tendencia a la actuación, un reto para la prevención y reducción del número de casos.
La intención de este trabajo será el presentar algunas reflexiones sobre la repercusión del virus en estas personas, iniciando con las formas en que éstos sienten el impacto del virus. Posteriormente comentaremos algunas reflexiones psicoanalíticas en torno a las perversiones, haciendo hincapié en los aspectos relacionados a la pulsión de muerte en estas personas. Luego de ello desarrollamos lo que a nuestro parecer es una perversión: la Sidofilia, o el placer de adquirir el virus, exponiendo un caso como ejemplo clínico. Finalmente, ofreceremos las perspectivas que desde nuestra postura creemos importante expresar.
2. ALGUNAS NECESIDADES PSICOLÓGICAS PRODUCIDAS POR EL FENÓMENO DEL SIDA
La epidemia del Sida ha provocado importantes cambios psicodinámicos en la población homosexual, generando al igual cambios en los modelos de abordaje psicoterapéutico. Diversos autores en fechas recientes han manifestado interés en estos aspectos. Dilley (1989) señala: “La epidemia del Sida intensifica muchos conflictos psicodinámicos, entre ellos la conjunción de amor e intimidad con culpa; castigo y muerte; conflictos relacionados con la identidad sexual y la elección del objeto sexual; conflictos entre los impulsos y su control psicológico; miedo en relación con la vulnerabilidad de la estructura física y psicológica; conflictos entre la tendencia autodestructiva y de autoconservación; conflictos entre confianza y desconfianza con la pareja en las relaciones íntimas y conflictos entre lo permitido y lo no permitido por la sociedad”.
Por su parte Chodof (1986) observa que para los homosexuales con vida sexual activa, existe un miedo constante de adquirir el Sida. Schwartz (1983) ha descrito el “pánico al Sida” en homosexuales de los Estados Unidos. Dicho síndrome es hallado en homosexuales de nuestro país. Goldmeier, un año después, puntualizaba la preocupación que se presenta entre la población homosexual unida a rumiaciones y miedos por adquirir el Sida. Un homosexual nos relataba hace unos días: “Desde hace seis meses que no tengo vida sexual…es que aun de mis parejas estables desconfío…no vaya a ser que hayan contraído el mal…A veces me dan ganas de casarme con una mujer para ya no estar en esta situación de tener miedo de que me contagien el Sida”.
En algunas áreas de elevada incidencia para esta enfermedad, la necesidad de servicios psicológicos es excesiva. En un estudio realizado entre homosexuales de San Francisco en el año de 1985, se encontró que el 49% de esta población acudía en busca de ayuda psicológica para hacer frente a los problemas producidos por la epidemia (Catania, Kegeles y Coates, 1988).
Igualmente, Mc Kusick (1988) ha identificado algunos efectos psicológicos en la población que se encuentra en elevado riesgo de adquirir la enfermedad, como son: miedo psicosomático, preocupaciones, negación, evitación de cuidado médico, miedo a la muerte, los cuales lo relacionan con el Sida y sus consecuencias fatales. Con relación a la intimidad y la sexualidad, este grupo de personas experimenta enojo, negación, destructividad, culpa, desacuerdo interpersonal y miedo de estigmatización social. Por último, en relación a su círculo social, estas personas manifiestan desconfianza o paranoia.
Por otro lado, aquellas personas que se suponen a sí mismas seronegativas para el VIH, cuando son cuestionadas en cuanto a prácticas sexuales e intimidad, manifiestan miedo de un contagio posible y homofobia (Mc Kusick, 1988).
3. DE LAS PERVERSIONES: ASPECTOS PSICODINÁMICOS
Si bien las perversiones poseen muchos vericuetos para poder concebirlas, nos referiremos a aquellas en las que el objeto sexual es del mismo sexo, o en donde ocasionalmente aparece el otro, en otras palabras, particularizaremos las reflexiones en la homosexualidad y la bisexualidad.
Indudablemente el referirnos al pensamiento psicodinámico nos obliga necesariamente recordar a Freud, quien ya concebía las perversiones como transgresiones anatómicas de las zonas corporales destinadas a la unión sexual, o aquellos que se detienen en las relaciones intermedias con el objeto sexual. Su sexualidad es infantil en vez de adulta, lo que nos habla de puntos de fijación en el desarrollo temprano. Así, tomando las palabras de Freud: “El placer preliminar llega a ser demasiado intenso y el elemento de tensión pequeño…el acto preparatorio reemplaza al fin sexual normal…” (Freud, 1905, 1925; Fenichel, 1945; Nájera, 1978; Fliess, 1976).
El perverso homosexual o bisexual frente a la angustia de castración trata de negarla, buscando poseer una bisexualidad, ya que, el hecho de aceptar el tener un solo sexo consiste en aceptar también la no existencia del otro, el cual significa sufrir una separación, aceptar una filiación, entender límites corporales y para muchos sentir la muerte. Se conjura la castración. El bisexual, quien en su realidad sexual, anatómica, escinde ésta de la realidad psíquica. Mediante la actividad bisexual se rechaza esta diferencia. De ahí que el perverso presenta características narcisistas de tipo anaclítico, su conducta es antidepresiva. La escisión por lo tanto permite que estas personas conozcan, “promuevan” y “sugieran” la sexualidad normal e inclusive practicarla eventualmente, mientras que por otro lado, muestran su verdadera forma de actuar. Sus personalidades como sí son clásicamente observables (Pontalis, 1982; Bergeret, 1974; Brisson, 1982; Green, 1982; Paz, 1984). Esto, estructuralmente nos muestra un superyó inadecuadamente conformado: “El placer del superyó podemos entenderlo -menciona Paz- por la existencia de objetos internos sádicos que obtienen placer de la castración. De ahí que el superyó del perverso haya sido descrito como poseyendo una fractura intrasistémica que ‘permite’ actividades pregenitales y ‘prohíbe las genitales”. Es un superyó “seducible” (1984, p. 268).
Por tanto, es evidente que los impulsos agresivos están condensados con los sexuales, presentándolo, como menciona H. Ey: “una desviación de los instintos”. Su vínculo se torna narcisista, su sexualidad es proyectiva, así, “las pulsiones presentan un carácter regresivo, fácilmente explicable en el caso de la pulsión de muerte que procura restablecer el estado anterior de la sustancia viva haciéndola regresar a la materia inorgánica inanimada (Brisson, 1982). Tractemberg brinda más luz sobre esto: “La supremacía tanto libidinosa de los procesos orales y anales que enmascaran a las funciones de la organización genital no destruye su carácter de organizador innato e integrador de las pulsiones orales, anales y fálico-uretrales. Por el contrario, estas pulsiones al subordinarse al liderazgo de aquella organización pueden evolucionar en la forma de sexualidad infantil, en el curso del desarrollo temprano. Las funciones narcisistas orales, uretrales y anales, a diferencia de la función genital, acompañan al sujeto durante todo su desarrollo con el mismo modelo funcional” (1972, p. 85).
Así ponemos también como característica de las perversiones el papel de la identificación con seres castrantes o castrados, acompañado con un sentimiento de odio intenso hacia su padre, comúnmente generado durante el período edípico. La negatización del mismo es el origen clásico de la homosexualidad (Liberman, 1976; Martínez, 1987; Dör, 1987).
4. LA SIDOFILIA. CASO CLÍNICO
Durante el tiempo que tenemos de tratar a personas con el Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida, nos hemos encontrado a un reducido grupo de sujetos (todos hombres) quienes durante la evaluación han manifestado una fascinación sobre el Virus y una búsqueda patológica por adquirirlo, todos ellos con un absoluto conocimiento de las repercusiones de la enfermedad. Uno de ellos nos comentaba en una de las sesiones: “Estaba en una fiesta, donde había puros de onda, y uno de los presentes me dijo: ‘Sabes, ése, el pintor, tiene Sida’. En ese momento me escuché a mí mismo: ¿Cómo él, tan lleno de vida, si es el alma de la fiesta? y me acerqué, charlamos durante toda la fiesta, y al final de la fiesta le propuse que se acostara conmigo”.
La Sidofilia desde nuestra óptica consiste en un intenso deseo de adquirir el Virus de la Inmunodeficiencia Humana en sujetos que conscientemente están advertidos de las consecuencias nefastas que les depara si llegaran a padecerlo. De dicha búsqueda patológica, se advierte en las personas evaluadas antecedentes de prácticas sexuales con grados de riesgo: asistencia a antros de mala muerte, promiscuidad, aparición de violencia en o durante la relación o uso de drogas, por mencionar características afines en todos los casos.
Por otro lado, los aspectos provenientes de un superyó perverso, totalmente falto de estructura, les permiten buscar este tipo de relaciones para someterse posteriormente a un castigo de la magnitud de la enfermedad del Sida, la cual se considera incurable, de sufrimiento indecible. La búsqueda de un superyó externo persecutor y castrante encarnado en la sociedad. Nos decía uno de ellos: “Quiero que tengan lástima de mí, que me regañen por lo que hice, que me digan que mi vida está acabada, que he cometido un suicidio en vida”.
ILUSTRACIÓN CLÍNICA:
Felipe, un brillante profesionista de 27 años, originario del sur del país, acude a consultar con nosotros siendo referido del Departamento de Medicina Preventiva por presentar Sida. Durante la evaluación él siempre buscaba encontrar en nosotros nuestra condolencia: “Yo quiero que ustedes se conmuevan de mí, que me digan que están interesados por mí, que me digan que estoy muy mal”. Esta conducta para Felipe era cuasierótica, porque disfrutaba con ello. Su historia al parecer reflejaba claramente la búsqueda de lo que acuñamos con el nombre de Sidofilia.
De niño, Felipe era un muchacho poco querido por su padre. Le decía su mamá: “Mi hijo Felipe es diferente de los demás porque es muy inteligente”, sin embargo, su brillantez solamente funcionaba para tratar de esconder la profunda rabia engendrada hacia su padre, un alcohólico crónico, comentaba: “es que yo prácticamente era el papá de la familia debido al problema del alcoholismo de papá”. Sin embargo, junto a este odio indescriptible, aparecía una fascinación amorosa hacia él desde los 5 años, estando constantemente escindida dicha figura para Felipe. Recuerda: “Siempre me encantaba verlo cuando se bañaba y cuando estaba dormido disfrutaba al jugar con su pene”. Sus rasgos homosexuales se fueron acentuando conforme pasó el tiempo al igual que el odio hacia su padre. Inicia jugueteos homosexuales desde los 7 años hasta los 10 en que aparece un período de inactividad sexual el cual se reanuda a los 14, cuando decide abrirse definitivamente a una desorbitante vida sexual, con la particularidad de que presentaba una fascinación hacia el sexo riesgoso: “Como mi homosexualidad solamente la disfrutaba yo, ya que para todo el mundo soy ‘buga’, me encantaba sentir cuando asistía a los baños o a los bares clandestinos para gays el hecho de que me llegara a encontrar alguien y corriera la voz. Es cierto, entre más riesgos mejor”. A los 21 años Felipe conoce a la que sería su esposa, ella, quien conoció las credenciales de Felipe lo aceptó como tal, deteniendo su vida sexual de tipo homosexual por dos años, mediante severos automandatos y prohibiciones que al finalizar su tercer año de matrimonio deja, reiniciando totalmente en una forma por demás promiscua: “Antes me había detenido por mi esposa y por temor al Sida, recuerdo que eso era un escándalo, que todos los homosexuales se iban a morir, por eso dejé mi forma de ser. Pero pensé, si siempre seré homosexual, para que vivir de esa manera, y reincidí”. Posteriormente, al pasar de los 25 años, le aparece una idea constante que al igual de preocuparle le originaba un placer intenso y nos decía: “Dentro de mis fantasías por esos años pensaba el desear morirme joven, en ese entonces me pasaban fantasías como de ¿qué me pasar si me da el Sida? o ¿qué le pasará a mi esposa y a mi hija si les transmitiera el Sida? Pero todo fue en vano, me di cuenta y me preocupé realmente por mi salud cuando apareció este herpes que me hizo venir para acá, y no sabía de dónde venía todo esto”. Previamente de que Felipe nos comunicara esto, y por consiguiente que fuera el ELISA positivo, Felipe había encontrado en estos pensamientos insistentes una erogeneidad y una fascinación patológica: “Veía en el periódico las cifras de las personas que contraían el Sida, todos los síntomas que padecían, todo esto se convirtió en el centro de mi vida, la sexualidad homosexual, los aspectos de estar constantemente en centros riesgosos, la posibilidad de que esa persona me contagiara el Sida, todo ello me producía una sensación de placer para volverlo a realizar, quería tener Sida”. Y el deseo, se cumplió.
Su Sidofilia era evidente, inclusive los aspectos del cumplimiento del deseo con su consecuente ataque castrante, tanatofílico, y se reflejaba en sus experiencias oníricas, mencionando el siguiente recuerdo en una sesión: “En estos días tuve un sueño, más bien eran dos, en el primero yo estaba viendo un pozo y en el fondo de él estaba un amigo que fue mi primer contacto sexual, y me gritaba pidiéndome ayuda para poder salir, estaba lleno de excremento lo cual le dificultaba mucho salir, y no logró salir…después me veo en un campo junto a una montaña, un lugar que últimamente lo he soñado mucho, desde niño siempre he deseado estar en ese lugar, nunca lo he visto, pero siento mucha tranquilidad al estar ahí”. Posteriormente reflexiona sobre lo dicho y asocia: “Yo creo que esto de la pradera es como lo de la muerte, y pues, pues mi pareja homosexual no era él, era yo, creo que soy yo”. Asentimos.
5. LAS PERSPECTIVAS
En cuanto a los aspectos de tratamiento, ya Barrows y Halgin señalaban: “La psicoterapia con homosexuales ha cambiado en los últimos 15 años. Durante ese tiempo, la aproximación terapéutica ha cambiado desde tratar a los homosexuales intentando curar su homosexualidad, hasta el modelo actual, denominado Terapia Afirmativa de la Homosexualidad”, la cual valora tanto la homosexualidad y la heterosexualidad de manera similar, como atributos naturales o normales (Krajeski, 1986, p. 16).
Regresando a Barrows y Halgin, es importante tomar en cuenta para la planeación del tratamiento los puntos que ellos sugieren:
1.- Los terapeutas deben estar seguros de que se sienten cómodos al brindar sus servicios profesionales a pacientes homosexuales.
2.- El terapeuta debe fomentar en sus pacientes homosexuales el involucrarse en grupos voluntarios o sociales de homosexuales que refuerzan en ellos su autoestima.
3.- El fenómeno del Sida ha causado cambios en los patrones de socialización entre homosexuales, y esos cambios han creado sentimientos de aislamiento y soledad, por lo que los grupos señalados anteriormente pueden hacer frente a estos problemas.
4.- Debido a que el Sida es una enfermedad sexualmente transmitida, los terapeutas deben educar a sus pacientes homosexuales sobre técnicas de sexo seguro.
5.- Ya que el fenómeno del Sida ha iniciado un nuevo deseo de establecer relaciones íntimas a largo plazo entre homosexuales, el terapeuta debe proveer una educación complementaria acerca de la intimidad y las relaciones interpersonales.
6.- La aparición del Sida ha provocado en homosexuales el deseo de establecer relaciones íntimas en forma monógama, por lo que los terapeutas deben manejar parejas de homosexuales con una connotación no exclusivamente sexual.
7.- Debido a que el Sida ha incrementado dramáticamente las preocupaciones sobre la mortalidad en la población homosexual joven, los terapeutas deben manejar los temas relacionados con ansiedad y stress en relación a la enfermedad.
8.- Los pacientes homosexuales acuden con frecuencia para consultar temas relacionados con la prueba para detectar el VIH, por lo que es necesario que los terapeutas clarifiquen con sus pacientes cuando están indicadas estas pruebas y qué significan sus resultados.
9.- Con frecuencia el paciente homosexual sufre pérdidas de amigos a causa de la enfermedad; por esta razón el terapeuta debe manejar con el paciente sentimientos de depresión y enojo que típicamente siguen a la pérdida de un ser querido.
10.-Depresión severa y pensamientos de suicidio son comunes entre las parejas homosexuales de pacientes con Sida, por esta razón, la intervención del terapeuta es vital -y a veces la única- fuente de soporte emocional para estas personas.
Creemos que si algo deseamos que nos dé esta nueva década es la vacuna contra este terrible mal. Mientras tanto, la amarga espera solamente podrá ser afrontada mediante la prevención, la cual es eminentemente psicológica, está en la adquisición de una mentalidad, de un criterio sano y seguro frente al Sida, de hacerlo, la espera no ser tan tormentosa.
BIBLIOGRAFÍA
Bergeret, J. (1974). La Personalidad Normal y Patológica. Ed. Gedisa, Barcelona. 1983.
Blanck de Cereijido, F. (1986) “Consideraciones en torno a la Pulsión de Muerte”. En: Convergencias de Teorías Psicoanalíticas y Poder. Desarrollo Temprano. Memorias de FEPAL, Tomo II. p. 21.
Brisson, L. (1982). “Bisexualidad y Mediación en Grecia Antigua”. En: Bisexualidad y Diferencia de los Sexos. Ediciones de los 80. B. Aires, p.27.
Catania, J.A.; Kegeles, S.M. & Coates, T.J. (1988). “Seeking help for Problems in reducing High Risk Behavior”. Paper presented at the Fourth International Conference on Aids. Estocolmo, Suecia.
Chodoff, P. (1987). “Fear of AIDS”. Psychiatry. Vol. 50. pp. 184-191.
Dör, J. (1987). Estructura y Perversiones. Ed. Gedisa, B.A., 1988.
Fliess, R. (1976). “Fetichismo, Transvestismo y Neurosis Infantil”. Varios. Ed. Paidós, B.A.
Freud, S. (1905). “Tres Ensayos Sobre una Teoría Sexual”. Obras Completas. B. Nueva, Madrid, 1984.
Green, A. (1982). “El Género Neutro”. En: Bisexualidad y Diferencia de los Sexos. Ediciones de los 80. B.A., p. 81.
Kaplan, B. (1989). “Psychiatry Aspects of AIDS”. En: Tratado de Psiquiatría. pp. 1303-1311.
Kernberg, O. (1975). “Impedimentos de la Capacidad de Enamorarse y de Mantener Vínculos Amorosos Duraderos”. En: La Teoría de las Relaciones Objetales y el Psicoanálisis Clínico. Ed. Paidós, México.
Laplanche, J. y Pontalis, J-B. (1983). Diccionario de Psicoanálisis. Ed. Labor Barcelona.
Martínez, F. (1987). “Maquiavelo aconsejó a Dios”. Cuadernos de Psicoanálisis. Nums. 3 y 4. Vol. XX. p.185.
Mc Kusick, L. (1988). “The Impact of Aids on Practitioner and Client”. Am. Psychologist. pp. 935-940.
Paz, J.R. (1984). Psicopatología. Sus Fundamentos Dinámicos. Ed. Nueva Visión. B.A.
Pontalis, J-B. (1982). “El Inasible a Medias”. En: Bisexualidad y Diferencia de Sexos. Ediciones de los 80. B.A. p. 15.
Tractemberg, M. (1972). La Circuncisión. Ed. Paidós, B.A.
*Residentes de la Unidad de Psiquiatría, Hospital Universitario UANL.
**Fecha original de presentación del presente trabajo fue febrero de 1990.

